Estoy harto de este sistema, este contrato que tiene la gente con las instituciones, autoridades, el órden y restricciones de las que se quejan y ellos mismos imponen.
Hoy fue uno de esos días de los que se han vuelto frecuente, comenzó con una noche fatal sin pegar el ojo por un dolor de cabeza que me ha acompañado alrededor de seis o siete días, en fin, hoy, día de realizar trámites innecesarios para cuestiones de menor importancia, y bien aquí vamos.
Todo indicaba que no sería mi día, primero derramarme el café sobre los únicos pantalones limpios que tenía, olvidé el sartén en la estufa y lo que intentaban ser huevos a la mexicana terminaron por ser el desayuno de mi perro, las llaves, el celular y la cartera me aseguré que no se me olvidaran, así que puse todo en una mesa que tengo junto a la puerta principal, los papeles y las mil quinientas copias que piden también estaban aseguradas.
Lo lamentable de esto fue que al caminar por la calle no pude evitar llenarme de tristeza, de ver las banquetas sucias, las coladeras tapadas por la basura que la gente ignorante y sin educación tira, (misma gente que se queja de las inundaciones y que el gobierno no hace nada para solucionarlo) vi los árboles del parque brutalmente cortados por los mismos sujetos que no les gusta barrer las hojas, las vecinas chismosas, los que no respetan entradas o salidas de los autos, el típico "naco" (y que me disculpen los nacos) con el carró último modelo, con su estereo a todo volumen escuchando regueton e inmediatamente los Tigres del Norte (que nada tengo en contra de ellos) y tocando la bocina atrás de ocho o nueve carros, pero lo entiendo , la luz ya estaba en verde y hay que dejarlo pasar.
Me subí al colectivo y pagué, mi sorpresa fue ver que había aumentado el precio del mismo, no dije nada, me senté y espere la llegada a mi destino, ¡el Metro!, es toda ua aventura entrar a los andenes, nunca sabes lo que puedes encontrar, pero lo que vi me dolió, la cara de las personas en actitud de derrota, de conformistas, sin ilusiones, maltratada por "gente mierdera, come cuando hay, abusadora", me dio rabia e impotencia saber que lo único que quieren es llegar a casa y ver el futbol, olvidarse de las malas nuevas, de la gripa que inventaron, de esperanzas nulas, es triste ver a un pueblo roto, donde no hay espacio para la cultura o el arte, una ciudad malinchista, con autoridades como el peor enemigo, donde sobra el protagonismo y la falta de propuesta, como sea, yo tampoco sonreía.
Llegué a una oficina de gobierno para realizar los trámites antes mencionados, con el ánimo que traía iba esperando lo peor, pero nunca me imaginé que me tocaría llegar con una persona tan desagradable, una "señorita" de aproximadamente unos cuarenta y seis años, la típica solterona, amargada y frustrada, que al revisar mis documentos, buscó el pretexto perfecto para regresarme y no darme lo que andaba solicitando, cuál fue el error? había tres números en lugar de cuatro:
- Pero así está en la página-
-No , el sistema así no lo acepta-
-Pero lo bajé del mismo sistema que ustedes tienen-
-No , el sistema así no lo acepta-
-Oiga pero así me lo está manejando y cuando lo pongo no me marca error-
-No , el sistema así no lo acepta-
- Y por qué no lo acepta, si se supone que así está?
-No , el sistema así no lo acepta-
- Y luego qué hago?
-Venga otro día porque es hora de cerrar-
-Pero son las once de la mañana-
- Si pero voy a desayunar-
Podría seguir así otras tres cuartillas, pero lo único que hice fue darle las gracias, claro que después le dije que debería cenar fibra, el cual causo la risa de algunas personas que como yo estaban a punto de "romperle el cielo a chingadazos" como dice el buen "Ictus" total que me fui.
De regreso a mi hogar, subí de nueva cuenta al Metro, claro enojado y hasta el copete por no haber obtenido lo que necesitaba, me sorprendió ver a un niño pidiendo dinero, no es de sorprenderse, es normal, lo que llamó mi atención fue ver que tenía unos tenis mejores y aún más caros que los míos, pensé por un momento en seguir el ejemplo del muchacho, aunque después pasó por mi mente: él no tiene la culpa, la culpa es de uno por mantenerlos.
Llegando a las calles aledañas a mi casa no pude mejorar la imagen con la que había partido, los mismos vecinos chismosos, los que piensan que "la oreja" y "Ventaneando" tienen la verdad absoluta y se atreven a repetir lo que ven en la telebasura, los valemadristas tirando basura, los protagonistas y tantos otros que no vale la pena mencionar.
Pero no todo es tan malo, a veces y solo a veces pasa la vecina, la güera de caderas anchas con ojos bonitos...y me sonríe.